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México, D. F., Jueves 31 de Octubre de 2013.

¿Es saludable enojarse o hay que aprender a contenerse?

Artículo realizado por: Olga Morales Ramírez

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El enojo es una emoción y como tal, tiene un sentido y función; es una relación fisiológica y psicológica al dolor, el sufrimiento, la amenaza o el peligro. Sucede cuando algo no satisface nuestras necesidades, creencias o deseos, o cuando vemos frustrado nuestro objetivo, y mediante el coraje obtenemos fuerza necesaria para luchar por la meta. Y esa fuerza es emocional, pero también física.

Cuando nos enojamos, el organismo se prepara para un cambio: aumenta la presión arterial, se aceleran los latidos cardiacos, se produce una cantidad de adrenalina, se dilatan las pupilas y se movilizan otras funciones.

En una persona que se siente atacada injustamente se dispara un sentimiento automático de ira. Si la suprime, la ira se internaliza y comienza un proceso rumiante de repetición mental de las imágenes de la pelea, que finalmente se convierte en resentimiento. Si esta conducta persiste, desequilibra todo el funcionamiento corporal, y si la expresa mal, puede tener problemas de relación.

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Como en todas las cosas de la vida, es necesario tener un equilibrio, pero sobre todo, aprender a dirigir el enojo porque si uno lo guarda reprime las alteraciones fisiológicas que causa esa emoción, y probablemente se enferme o se resienta.

El dirigir bien la ira significa en primer lugar, que se haga de manera asertiva hacia aquel que la provocó. Si se descarga con otra persona, no solo resentirá una relación, si no que no será operativa, es decir, no podrá corregir lo que motivó ese estado.

 Así como no sirve contener el enojo, tampoco es útil convertirlo en una persecución vengativa, no sólo porque empeoraría nuestras relaciones, sino que se pierde el objetivo.

Quien persigue a su oponente desplaza su foco de atención hacia él y pierde de vista el objetivo primordial, con lo cual la frustración continúa.

Para poder descubrir las causas hace bien preguntarse de vez en cuando qué cosas lo enojan a uno y hacer una lista para ordenar el pensamiento.

Es probable que uno encuentre respuestas que lo sorprendan y no crea que tales motivos causen ese efecto.

Éste es un ejercicio útil para conocerse y quizás comenzar a utilizar el enojo en nuestro beneficio.

Si dicha emoción es una alarma que nos avisa cuando algo nos frustra, o cuando no obtenemos el resultado esperado, podremos reflexionar sobre nuestras posibilidades de corregir los resultados.

Cada persona manifiesta su enojo como puede. Hay quienes enfrentan el enojo, quienes le huyen por temor o falta de recursos; están quienes callan, quienes gritan, quienes pegan, quienes se escudan tras la excusa de un cambio hormonal, quienes se calman con tomar un poco de aire o hacer actividad física.

El tema es reconocer la causa y hacerle frente. Los enojos que no se detienen a tiempo pueden convertirse en enojos crónicos o intensos.

El enojo es una emoción normal y saludable.

Ante una situación frustrante es normal sentir enojo, por lo tanto no es necesario reprimir esta emoción pero si es importante controlarla. El enojo es saludable cuando:

  • Nos ayuda a reaccionar ante una injusticia.
  • Nos permite expresar nuestras necesidades a los demás.
  • Nos impulsa a alcanzar una meta.
  • Sin embargo se vuelve dañino cuando:
  • Nos tornamos violentos.
  • Nos desquitamos con los demás.
  • Nos impulsa a huir de nuestros problemas.

El afrontar el enojo sin tener control nos resulta muy difícil pero es importante que cuando este llegue podamos hablar de cómo nos sentimos con tranquilidad. Antes de actuar, escuchar las razones de quien nos hizo enojar y tratar de ponernos en sus zapatos. Dialogar con la persona que provocó el enojo y tratar de llegar a un acuerdo.

Es indudable que esta emoción es inevitable, por lo tanto es saludable expresar el enojo pero también es indispensable saber como controlarlo, aprenderlo a ponerlo en practica diariamente resulta imposible pero podemos tomar los siguientes puntos para comenzar a lograrlo:

  • Aceptar que hay cosas que nos enojan.
  • Identificar y aceptar eso que nos enoja.
  • Trabajar con ese enojo que sentimos.
  • Atreverse a “decir” que estamos enojados.
  • Resolver lo que nos enoja cuando estemos menos enojados.
  • No convertir el enojo en violencia.
  • Aprender a pedir perdón y a perdonar cuando el enojo fue exagerado o sin sentido al no poder controlar la emoción del momento.

 

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